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Identifica el lenguaje del miedo y la manipulación en política

¿Cómo identificar el lenguaje del miedo en la conversación política?

Bancolombia
Escrito por:

Bancolombia

Bienestar y sostenibilidad | 10 abr 2026

Lectura de 6 min

Un grupo de jóvenes investigadores analizó la conversación política en Colombia en redes sociales. Lo que encontraron no es solo una radiografía del momento del país y una guía para entender cómo el lenguaje puede romper —o reconstruir— la confianza.

Cada día publicamos, compartimos y respondemos millones de frases, opiniones, insultos, consignas y acusaciones en redes sociales. Allí hacemos política: difundimos memes, reaccionamos a titulares indignados y escribimos comentarios desde nuestros celulares con más pasión que reflexión.

Para la mayoría de nosotros, esos mensajes pasan como un ruido constante. Pero para Movilizatorio, un laboratorio de participación ciudadana e innovación social, cada palabra es una pista.

Durante cinco meses (de mayo a octubre de 2025), este grupo de investigadores se dedicó a revisar más de 14.000 publicaciones hechas en redes sociales: discursos políticos, debates y comentarios. No para medir la popularidad de los candidatos ni predecir qué podría pasar en las próximas elecciones presidenciales. Querían entender la forma en que hablamos de política en Colombia.

“El estudio se basó en analizar las tácticas autoritarias discursivas, en las que no hay violencia física, pero que van permitiendo algún tipo de estigmatización, ya sea contra la oposición, contra la democracia o contra el que parece diferente”.

Juan Federico Pinto, líder de la investigación de Movilizatorio.

Cuando la política deja de discutir ideas

Si hablamos de democracia, no estar de acuerdo con otras opiniones es inevitable. La política existe, precisamente, para administrar esas diferencias. Pero ¿qué pasa cuando el desacuerdo deja de ser sobre ideas y empieza a ser sobre personas? Los investigadores llaman a este fenómeno “polarización afectiva”.

Te dejamos un contenido para que tengas herramientas frente a la polarización: https://blog.bancolombia.com/bienestar-y-sostenibilidad/como-superar-polarizacion-dialogo/

“Hoy, una gran parte de las conversaciones en el país se mueve a través de este tipo de polarización, que no es solo estar en desacuerdo con la opinión de una persona, sino con esa persona per se por el hecho de tener ideas distintas. Sencillamente ya no se ve en la otra persona ningún valor”, explica Juan.

Ese desplazamiento cambia por completo el tono de la discusión pública. Las propuestas y los argumentos desaparecen para juzgar al otro.

“La discusión actualmente no se basa en propuestas sino en juicios: ‘tal partido político es un desastre completo, Ni siquiera debería existir´, por ejemplo. El discurso se volvió existencial: ¿quién merecer vivir y quién merece morir?”, afirma el investigador.

El manual invisible del autoritarismo

Después de analizar de miles de mensajes, el equipo de Movilizatorio comenzó a identificar patrones repetidos, que no funcionan como frases aisladas sino como factores comunes de personas dentro de un partido o de otro:

La primera y una de las que más se repite es “nosotros vs ellos”. Aquí nos encontramos con personas que dividen la sociedad en dos grupos: uno que representa el bien y el otro, la amenaza. Claro, esta segmentación se hace según el propio criterio o la propia moral de esa persona.

  1. “Todo es sospechoso”: Se siembra la duda sobre las instituciones, las personas para que nada nos parezca confiable y todo pueda ser cuestionado.

  2. Garrote y más garrote: Aparece la idea de que todos los problemas sociales pueden ser solucionados mediante políticas punitivas o castigo. En este escenario, no hay matices, ni preguntas; la única opción posible es castigar con todo el rigor.

  3. Niebla informativa: esta es una táctica sofisticada que busca inundar la conversación pública con versiones contradictorias, exageraciones o mentiras. El objetivo es engañar para hacernos cambiar de opinión u odiar a cierta persona.

  4. Del dicho al golpe: aquí el problema no es solo retórico; el discurso invita a agredir o violentar a otra persona. O invita a otros a hacerlo.

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Cuando la democracia se debilita desde adentro

“Muchas veces estas estrategias se combinan y articulan, lo cual lleva a generar enemigos comunes, sobre los que se vale mentir para hacerlos ver como seres aún más macabros”, advierte Juan.

Estas acciones debilitan la confianza no solo en políticos y quienes los siguen, sino también en lo que representa la institucionalidad. Pero rara vez pasa de inmediato. La democracia no colapsa de un día para otro. La erosión –dice Juan– llega mucho antes del quiebre total.

Esta pérdida de confianza también se profundiza porque muchas personas sienten que no pueden hacer nada. No votan porque creen que su voto es demasiado pequeño para producir un cambio real. A esto se suma la percepción de que los políticos actúan con total impunidad. La combinación de estas sensaciones termina alimentando la apatía y el distanciamiento frente a la política.

El espejo oscuro de las redes

En este sentido, es tentador culpar a las redes sociales de todo, afirma Juan Federico. Sin embargo, el propone otra mirada: “Las redes sociales son un catalizador, pero también un espejo de aumento que refleja y amplifica las dinámicas que ya existen en la sociedad. Lo que no podemos decir es que las técnicas autoritarias nacieron con la redes sociales, aunque probablemente sí agilizan la producción de ese tipo de relatos y prácticas”.

En ese espacio digital, las emociones viajan más rápido que los argumentos, la indignación le gana a la reflexión, y el miedo suele tener mayor audiencia que el análisis juicioso.

En Colombia, la democracia no se entiende

Detrás de este clima emocional hay una frustración que viene de una raíz más profunda. Muchos ciudadanos sienten que la democracia no ha cumplido sus promesas y por tanto no ven, en la práctica, para qué sirve.

Es decir, cuando el sistema político no parece mejorar la vida cotidiana (salud, trabajo, educación, etc), la democracia se vuelve abstracta y no genera un vínculo afectivo real que nos dé razones a los ciudadanos para defenderla.

En Colombia, según lo que encontramos en el informe, no es que tangamos baja confianza en la democracia como tal, lo que pasa es que nos es indiferente y eso es aún más peligroso, porque no vemos la necesidad de protegerla, quizás porque no la entendemos muy bien.

Jóvenes entre la apatía y la rabia

Entre los jóvenes, este mismo desencanto toma dos caminos: la apatía o la radicalización.

Las preguntas que surgen, entonces, son cómo canalizar esa energía y cómo convencer a las nuevas generaciones de volver a creer en la construcción democrática como camino político, aunque no sea perfecto.

Para Juan, la respuesta está en las oportunidades y en la sinergias entre diferentes sectores de la sociedad: “Hay que incluir a los jóvenes en programas sociales, de emprendimiento, que vengan del empresariado y que les den opciones reales de crecer económicamente y permitirles crear proyectos de vida y pensar su futuro a 30 años. Cuando alguien puede imaginar su futuro, también puede imaginar el país donde quiere vivir”.

Una pelea que vale la pena

Al final, la democracia no es solo un sistema institucional, es también una práctica cotidiana que se construye en la forma en que discutimos, en la manera en que escuchamos y en la decisión que tomamos de no reducir al otro a un enemigo. Por eso, para recuperar la confianza en la democracia, esta se debe vender en términos concretos: ¿para qué nos sirve?

La respuesta, está en su promesa más básica: permitir que las diferencias se resuelvan sin violencia, tener un espacio donde es posible luchar por los derechos y garantizar algo más profundo que cualquier elección.

“La democracia es un sueño incumplido por el que vale la pena luchar. Y, así se gane o se pierda, es una pelea digna de ser librada por la dignidad humana”.

Cómo identificar una táctica autoritaria en el lenguaje

Cuidar la democracia también implica cuidar el lenguaje. Pon atención a estas señales de alerta:

Nosotros vs. Ellos

  • Cuando la crítica deja de centrarse en ideas y pasa a atacar personas. Nos referimos a otros con calificativos como “traidor”, “mafioso”, “bandido”.

  • Cuando hablamos en nombre de “todo el pueblo”.

  • Cuando usamos verbos que llaman a la expulsión de una persona o un grupo: “váyanse”, “sobran”, “no pertenecen”.

  • Cuando usamos el origen o la nacionalidad para excluir a alguien.

Todo es sospechoso

  • Cuando anunciamos fraudes antes de que termine un proceso.

  • Cuando deslegitimamos instituciones sin dar pruebas concretas.

  • Cuando hablamos de conspiraciones totales: “todo está capturado”.

Garrote y más garrote

  • Cuando hacemos ver los problemas como si estuvieran fuera de control.

  • Cuando afirmamos que la única solución para un problema es la mano dura.

  • Cuando hacemos críticas directas a quienes cuestionan el castigo en algunos casos.

Niebla informativa

  • Cuando damos versiones contradictorias sin contexto ni verificación.

  • Cuando decimos frases como “todo es mentira” o “los datos seguro están manipulados”.

  • Cuando preferimos la ironía o la burla a los argumentos concretos.

Del dicho al golpe

  • Cuando insultamos para deshumanizar a alguien o a un grupo.

  • Cuando usamos bromas para humillar al adversario.

  • Cuando decimos frases que sugieren que alguien “merece” violencia.

Antes de publicar un comentario o de compartirlo en redes sociales, detenernos también es una forma de participar en democracia: reconocer estas señales nos ayuda a no caer en la trampa del ruido, a pensar mejor lo que leemos y a cuidar la conversación que construimos entre todos.

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