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Cosas que debes tener en cuenta al viajar

Un buen plan no es suficiente, al viajar debes estar protegido

Bancolombia
Escrito por:

Bancolombia

Educación financiera | 13 feb 2026

Lectura de 6 min

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Un buen plan no es suficiente al viajar

Hace siete años, Daniel Cabrera salió del país para cumplir su mayor sueño: recorrer el mundo en moto. Tal vez este año lo complete por fin… claro, siempre y cuando no aparezcan más pandemias, golpes de Estado o incidentes en el camino. Después de cientos de historias y miles de kilómetros recorridos, hay una gran lección aprendida: todo —por absurdo que parezca— puede pasar.

“Cuando tenía 15 años empecé a soñar con recorrer el mundo. Por un lado, estaban las historias de mi papá, que fue una de las primeras personas en llegar a Ushuaia, Argentina, en moto. Por otro, me la pasaba viendo en YouTube a tipos que viajaban por todo el planeta.

Hasta que un día, un comentario casual de mi jefe me cambió la vida: —¿Usted está listo… por si acaso se gana la lotería?

Ese día, parce, tuve una epifanía. Me di cuenta de que, antes de hacer plata, yo lo que quería era salir a recorrer el mundo en moto.

¿Y por qué en moto? Porque creo que es la mejor forma de conocer la esencia real de cada país. Cuando uno hace el típico plan turístico de agencia, solo ve lo bonito, lo que le quieren mostrar. En moto, en cambio, uno vive la experiencia auténtica.

Así que, con 27 años, dejé mi trabajo como analista de negocios, vendí algunas cosas, pagué deudas, compré una motico —la que me alcanzó y la que me llevó hasta la India—, me despedí de mi familia y amigos… y arranqué.

Cuando me puse juicioso a estructurar el proyecto para hacerlo financiable y patrocinable, entendí algo clave: no necesitaba un golpe de suerte, sino una buena planeación. Meses después ya tenía la ruta definida, el equipo listo y, sobre todo, las ganas intactas.

El 2 de febrero de 2019 inicié mi primer gran viaje hacia el sur del continente. Un año después regresé con miles de kilómetros recorridos, llantas gastadas, historias increíbles —que hoy comparto en varias plataformas como @estaesmivuelta— y la satisfacción de no haberme arrepentido ni un solo día. Ni siquiera cuando me tocó lavar baños, trabajar de mesero o hacer lo que tocara para sobrevivir”.

Cuando el plan no alcanza

Podría decirse que existe una verdad absoluta: cuando todo está bien planeado, nada puede salir mal.

¿O sí?

Tal vez esa sea la premisa de cualquier viajero inexperto… o incluso la del propio Daniel antes de aprender que, en los viajes —como en la vida—, lo inesperado, lo absurdo y lo improbable suelen estar a la vuelta de la esquina… o del siguiente continente.

Lección aprendida

“Esa lección llegó en mi segunda vuelta, esta vez por el sudeste asiático. Lo que debía ser una parada de cuatro días en Myanmar (la antigua Birmania) terminó convirtiéndose en una estadía obligada de casi un año.

En marzo de 2020 llegó la pandemia del COVID-19, sin avisarle a nadie. En cuestión de horas cerraron fronteras, suspendieron vuelos, clausuraron hoteles, restaurantes… ¡todo, parce!

Quedé atrapado en el país más pobre del sudeste asiático, en un hostal diminuto. Mi cama era un huequito chiquitico. Éramos pocas personas y yo sobrevivía con algo de plata que me entraba por los contenidos que hacía; apenas alcanzaba para medio comer.

Tuve una crisis horrible. Lloré mucho. Me sentí completamente solo y quería volver a casa. Me daba muchísimo miedo lo que pudiera pasarle a mi familia mientras yo estaba al otro lado del mundo. Solo pedía que no se enfermaran ni ellos ni yo, estando tan lejos y sin poder salir.

Busqué vuelos humanitarios, pedí ayuda a la embajada de Colombia en Tailandia —porque en Myanmar no hay—, pedí plata prestada… pero salir del país fue imposible. No había nada qué hacer.

Con el paso de los meses, cuando el país empezó a abrirse un poco y entendí que me tocaba vivir como birmano por un tiempo, aprendí costumbres, algunas palabras y conocí en una fiesta a Ellie.

Al principio ella (birmana, budista y famosa) no quería saber nada de mí. Pero cuando entendió que yo había llegado en moto y estaba sobreviviendo solo en su país, algo cambió. Tuvimos una relación muy especial, basada en una premisa clara: conmigo, usted va a tener aventura.

Con el tiempo, Ellie convenció a sus papás de recibirme en su casa. Ella fue un apoyo gigante en los días más inciertos.

Tuve suerte: nunca me enfermé tan grave como para tener que ir a un hospital, que allá tienen muy mala fama. Dicen que las infecciones que uno coge son peores que cualquier enfermedad”.

Lo inesperado no aparece en el itinerario

Las preguntas inevitables son muchas:

¿Qué habría pasado si Daniel se hubiera contagiado de COVID y hubiera necesitado hospitalización o cuidados intensivos?

¿Si esos días se hubieran convertido en semanas o meses?

¿Habría tenido el plata para pagar los tratamientos?

¿Y si hubiera muerto?

¿Su familia habría podido asumir una repatriación costosísima?

Seamos honestos: nadie viaja con una lista de posibles tragedias ni con una cuenta bancaria preparada para cubrirlas. Los listados suelen tener nombres de ciudades, restaurantes, planes y monumentos. Y ojalá todo salga según el plan.

Pero la realidad es otra: algunas cosas pueden salir mal. Y ahí es donde contar con un seguro de viaje internacional puede marcar la diferencia entre un problema enorme y una simple anécdota.

Aunque Daniel evitó los hospitales todo lo que pudo, no salió completamente ileso. Una infección en la garganta lo obligó a guardar cama varios días y tomar medicamentos. Fue entonces cuando usó por primera vez su seguro de viajes: compró las medicinas, envió las facturas y recibió el reembolso total.

Nuevas sorpresas, nuevas lecciones

“Cuando por fin se abrieron las fronteras, se me ocurrió decirle a Ellie que fuéramos a Colombia para que conociera mi país. Sus papás, que ya me querían, nos dieron la bendición y arrancamos otra aventura.

Pero 32 días después de llegar a Colombia, el destino nos tenía otra sorpresa: estalló un golpe de Estado en Myanmar. Derrocaron al presidente Win Myint y a Aung San Suu Kyi, los encarcelaron, empezaron a matar a los protestantes y a perseguir a cualquiera que criticara al ejército en redes sociales.

Desde acá comenzamos a sacar videos denunciando lo que pasaba y terminamos en una lista negra. Ya no podíamos volver.

Yo solo perdí mi moto, Pepperoni. Pero Ellie perdió su país. Para el nuevo gobierno, ella se convirtió en apátrida.

Después de evaluar todas las opciones, entendimos que la única forma de cuidarla era huir por Centroamérica y México hasta Estados Unidos y pasarla por el hueco. Allí Ellie se entregó a las autoridades y estuvo detenida dos meses y medio.

Suena extremo, pero fue la única manera de salvarla. Así como ella me salvó a mí durante la pandemia.

Esa historia está contada con detalle en Coyote por Amor, el libro donde narro esta travesía por ríos, trochas y selvas”.

Soldado advertido…

“¿Qué más podría pasarme? ¿Una invasión alienígena? No lo sé. Pero hoy tengo clarísimo que ahorrarme la plata de un seguro de viaje internacional puede salir demasiado caro.

En 2024, recorriendo 14 países africanos, tuve un accidente alimenticio. Llegué a Ghana, donde el picante se consume en cantidades industriales, y mi estómago no aguantó. Terminé en urgencias con una diarrea terrible.

Llamé a mi seguro y me indicaron exactamente a qué hospital ir. Cuando llegué, ya me estaban esperando. Pasé directo a consulta, me atendieron, me dieron el tratamiento y no tuve que pagar nada. Solo firmé y me fui. El seguro se encargó de todo.

Esa visita —nada grave— me habría costado unos US$180 dólares. Más o menos lo mismo que pagué por la póliza, la misma que me cubría hasta US$80.000 durante 12 meses.

Me han pasado muchas cosas: pinchazos, varadas, pérdidas… y muchas las he superado gracias a ángeles que aparecen en el camino. Pero la tranquilidad de viajar con una buena póliza no me la quita nadie.

Uno cree que nada le va a pasar… hasta que le pasa. Y ahí, el error puede ser irreparable”.

¿Qué póliza elegir?

Es importante diferenciar entre un seguro médico internacional y un seguro de viajes internacional. El primero funciona de manera similar a un seguro médico convencional: se contrata de forma anual e incluye hospitalizaciones, consultas médicas, cirugías y exámenes. En algunos casos, también cubre enfermedades preexistentes. Este tipo de seguro está diseñado para personas que viven o pasan largos periodos fuera de su país de residencia.

Por su parte, el seguro de viajes está pensado para desplazamientos de corto plazo —días, semanas o algunos meses— y no se limita únicamente a cubrir accidentes o enfermedades, aunque, según un estudio realizado por Chubb, esta sigue siendo la principal preocupación de las personas al momento de contratar una póliza.

Existen diferentes tipos de coberturas que pueden incluir pérdidas —parciales o totales— o demoras en la llegada del equipaje; cambios o cancelaciones de vuelos —que pueden cubrir gastos de transporte, alimentación y hospedaje—; asistencia legal —por ejemplo, para multas de tránsito, nunca para infracciones a la ley—; alquiler de vehículo; repatriación del viajero o de sus acompañantes en caso de una emergencia grave; y, si se viaja en carro o motocicleta, pólizas especiales que cubren fallas mecánicas, servicio de grúa y daños a terceros. Para equipos de trabajo o grupos grandes existen pólizas colectivas, que suelen resultar más convenientes.

Todos estos aspectos deben evaluarse cuidadosamente antes de adquirir un seguro de viaje internacional, así como el monto de cobertura. Hay países que no solo exigen contar con un seguro de viajes —principalmente para gastos médicos, hospitalización y repatriación—, sino que además establecen un monto mínimo de cobertura.

Por ejemplo, los países del espacio Schengen pueden exigir, en cualquiera de sus pasos fronterizos, una póliza con una cobertura mínima de 30.000 euros. Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Aruba y algunos países asiáticos también lo solicitan, en mayor o menor medida.

Estados Unidos y Canadá, por su parte, no exigen oficialmente un seguro de viajes a los colombianos que ingresan como turistas; sin embargo, es altamente recomendable contratar uno debido a los elevados costos de su sistema de salud. Además, para adquirir medicamentos —incluso básicos— suele ser necesario presentar una fórmula médica.

Ahora bien, si el viaje incluye deportes de aventura, o si se viaja con una mujer embarazada o con un adulto mayor que tenga una alta probabilidad de presentar algún problema de salud —aunque sea una inflamación en las piernas, un dolor de cabeza o una subida de tensión—, es indispensable contratar una póliza robusta, aun cuando no sea un requisito obligatorio para ingresar al país de destino.

En muchos casos, una consulta médica virtual puede evitar una larga noche en urgencias y, al mismo tiempo, brindar la tranquilidad necesaria para continuar el viaje con todo el grupo bajo control.

¿Cuánto debo invertir?

No existe un costo único para un seguro de viajes. Intervienen múltiples variables, como el destino —Estados Unidos y Europa suelen ser más costosos—, la duración del viaje, la edad del viajero, el tiempo de anticipación con el que se compre el tiquete (a menor anticipación, menor probabilidad de cancelación), el monto de cobertura médica y las coberturas adicionales que se elijan.

Muchas aseguradoras calculan el precio entre el 4 % y el 10 % del valor total del viaje, aunque esto puede variar según la compañía o el plan. En términos generales, una póliza de seguro de viajes puede costar aproximadamente entre US$25 para planes básicos y hasta US$180 para planes premium.

¿Y si tengo tarjeta de crédito?

Algunas tarjetas de crédito de Bancolombia incluyen asistencia en viajes internacionales, siempre y cuando el viaje haya sido pagado con la tarjeta. Entre ellas se encuentran Mastercard Platinum, Visa Platinum e Infinite, y American Express (Blue, Green, Gold y Platinum).

Las coberturas varían según el tipo de tarjeta y suelen tener límites tanto de tiempo como de monto. Por esta razón, es fundamental revisar si dicha protección es suficiente o si se requiere una póliza adicional, teniendo en cuenta las variables mencionadas anteriormente.

¿Cómo usar el seguro de viajes?

Ante cualquier imprevisto, lo primero es contactar a la central de asistencia de la aseguradora o a la franquicia de la tarjeta de crédito, idealmente dentro de las primeras 24 horas. Es importante tener a mano el número de póliza y los documentos necesarios. Allí indicarán si el caso se maneja por pago directo o por reembolso.

Antes del viaje

  • Revisa si puedes hacer uso del seguro de tu tarjeta de crédito o elige una póliza acorde a tu plan.

  • Verifica coberturas y montos.

  • Guarda los contactos de emergencia de la aseguradora.

  • Lleva copias físicas y digitales de la póliza y de tus documentos.

  • Confirma si la póliza requiere activación previa.

Durante el viaje

  • Reporta de inmediato cualquier incidente.

  • Sigue las instrucciones de la central de asistencia, que te indicará el procedimiento según la emergencia.

  • Para consultas leves, pregunta por la opción de atención médica virtual.

Reembolsos y reclamos

  • Conserva facturas, recetas y comprobantes.

  • En caso de pérdida de equipaje, guarda el PIR (Parte de Irregularidad de Equipaje) y las etiquetas entregadas por la aerolínea.

  • Reporta las cancelaciones de vuelo tan pronto ocurra el evento.

Daniel aprendió que la verdadera planificación no solo está en trazar la ruta, sino en anticiparse a lo impensable. Porque viajar también es avanzar con la tranquilidad de saber que alguien te cubre la espalda, ya sea cuando sales a conquistar tus sueños o cuando las cosas simplemente no salen como esperabas.

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