En Un Mentes Expertas de Marian Rojas Estapé, la psiquiatra nos compartió ideas prácticas para que papás, mamás y cuidadores puedan entender mejor a sus hijos y acompañarlos desde casa. Aquí te las compartimos.
La salud mental es un tema del que hablamos cada día más. Y hoy, sabemos que influye directamente en cómo niños, niñas y adolescentes entienden el mundo, manejan sus emociones y construyen relaciones sanas.
En el evento “Mentes Expertas”, la psiquiatra Marian Rojas nos compartió ideas prácticas para que papás, mamás y cuidadores puedan entender mejor a sus hijos y acompañarlos desde casa. Aquí te las compartimos.
1. Enséñales a tus hijos a entender sus emociones
Los niños no siempre saben decir lo que sienten, pero su cuerpo sí habla. Cuando están irritables, silenciosos, ansiosos o muy apegados, muchas veces están pidiendo ayuda.
La primera clave es escuchar sin juicios. Antes de decir “no exageres” o “tranquilízate”, intenta validar lo que están sintiendo. Diles, por ejemplo: “entiendo que esto te molesta”, o “tiene sentido que estés triste”. Esas frases pueden ayudar a que bajen su alarma, abran la conversación y tengan seguridad para contarte más.
También hay ejercicios para reeducar pensamientos. Los pensamientos negativos suelen ser absolutos, es por eso que tus hijos pueden tener pensamientos como: “nadie me quiere" o “todo me sale mal”. Ayudarles a cuestionarlos es una forma de bajar la intensidad y devolver perspectiva. Por ejemplo:
Si dice “nadie me quiere.” Pregúntale “¿Nadie, nadie? ¿100%? ¿De verdad?
Si dice “todo me sale mal.” Dile “¿Todo, todo? ¿O algo te salió mal hoy?”
Otro truco es enseñarle a tu hijo a hablarse en segunda persona. Si tu hijo dice “soy un desastre”, pídele que diga “¿De verdad crees que eres un desastre? Eso le ayuda a separar la emoción negativa y le permite ver la situación de una forma más racional.
2. Los niños necesitan adultos que aprendan a regularse
Si un adulto entra en modo estrés, el niño puede replicar el comportamiento. ¿Estás estresado? Baja la voz y toma un momento para respirar. Con esto le estás transmitiendo el mensaje a tu hijo de que ese es un lugar seguro para él.
Un ejercicio de respiración que puedes poner en práctica con tu hijo es el de 4-7-8:
Inhalar 4 segundos, mantener 7, exhalar 8. Esta técnica regula el sistema nervioso, baja la tensión y ayuda antes de dormir, estudiar o enfrentar un conflicto. Puedes enseñársela a tu hijo como un juego: “vamos a inflar un globo imaginario” y le explicas cómo es este paso a paso.
3. La voz interior de tus hijos también se forma con tu voz externa
Lo que les decimos hoy a niños, niñas y adolescentes se convierte en la manera en que ellos se hablarán a sí mismos el día de mañana. Las palabras tienen mucho peso. Mensajes como “puedes hacerlo”, “vamos paso a paso”, “yo te acompaño” fortalecen su autoestima y su capacidad de resolver problemas. Asimismo, los juicios o etiquetas los marcan más de lo que imaginamos.
4. Reduce pantallas y enséñale a tener pausas
Marian explica que, con el tema de la hiperinformación y digitalización, hoy vivimos sobreestimulados y los niños también. La creatividad, la paciencia y la capacidad de resolver problemas aparecen cuando hay silencio o momentos de aburrimiento. Esos “no sé qué hacer” son positivos. Les permiten pensar, imaginar y conocerse. Para estimular a tu hijo, puedes poner en práctica estas 3 herramientas:
Dile que van a tener 10 minutos sin pantallas antes de dormir.
Busca juegos sin estímulos digitales.
Salgan a la calle para hablar y distraerse un rato.
La creatividad y la resolución a problemas aparece cuando dejamos un espacio. Y nosotros también necesitamos ese espacio para resolver nuestras cosas: un problema económico, una decisión importante o una conversación pendiente.
5. Mover el cuerpo como medicina emocional
Tener el cuerpo en movimiento regula el estrés. Caminar, correr, jugar fútbol, montar bicicleta, bailar, lo que sea: el cuerpo moviéndose genera sustancias que protegen el cerebro, mejoran el ánimo y la concentración. Si lo haces con ellos, es mejor todavía: se sienten acompañados y de paso, tú también regulas tu cuerpo y tu cerebro.
6. Dormir bien: limpia, ordena y calma
Cuando dormimos, el cerebro hace una limpieza profunda, procesa emociones y decide qué recuerdos conservar. Marian le llama a esto “el secretario nocturno” porque el sueño nos ayuda, en parte, a entender lo que vivimos y a organizarnos mentalmente. Cuando los niños duermen poco o se acuestan con pantallas pueden pasar 3 cosas:
Su mente no logra descansar.
Aumenta su irritabilidad.
Les cuesta más concentrarse.
Rutinas simples como dormir todos los días a la misma hora o establecer horarios sin pantalla, les ayudará a tus hijos a tener un sueño saludable. Y es que dormir es tan importante, que, literalmente, podemos pensar que ese es uno de los sistemas de limpieza del cerebro: como si pasara un camión de la basura y sacara lo que se acumuló en el día. Si no duermes bien, ese camión nunca llega y, al tercer día, tu mente empieza a sentirse sucia, pesada, irritada.
7. Las metas también se entrenan
Marian explica que el cerebro tiene un radar interno que busca esas cosas en las que pensamos mucho. Si tu hijo o tú solo piensan en problemas, verán problemas en todo. Pero si les ayudamos a fijar metas pequeñas, su cerebro empezará a buscar caminos para lograrlas. No nos olvidemos de soñar porque soñar es saludable. Les da dirección.
8. La oxitocina: la hormona de la confianza (y del vínculo)
La oxitocina es la hormona que aparece cuando nos sentimos seguros, acompañados y queridos. Los abrazos, la risa, la mirada atenta, las conversaciones sin prisa… todo eso produce oxitocina. Y cuando aparece, baja el cortisol, que es la hormona del estrés. Para los niños, la oxitocina es un refugio emocional. Por eso, un abrazo, una conversación que les haga sentir que son escuchados, o, simplemente sentarse a su lado para que sepan que estás ahí, puede cambia su día y su cerebro.
Como papás, somos su lugar seguro
Acompañar la salud mental de tus hijos no es saberlo todo, ni tener todas las respuestas. Es estar presentes, preguntar cómo están, validar lo que sienten, enseñarles a respirar, a pausar y a mirar la vida con esperanza.
Tus hijos no necesitan perfección, necesitan saber que cuentan contigo. Cada cosa que hagas les estará enseñando a manejar su mundo emocional del presente y del futuro.
Y, finalmente, enseñarles a tus hijos a rodearse de personas que les transmitan paz y que no los juzguen, también les ayudará a regular el cerebro y a tener una red de apoyo basada en la empatía y la confianza.